Y bueno, todas las historias tienen un mismo inicio, casi todas parten del mismo lugar. Esta vez diré que nunca nos llevamos bien, que fue un aborto desde el mismo momento de la concepción, y que se yo, lo mas difícil de ver es lo que esta frente a tus narices, rompiéndote el tabique, perforándote el lóbulo frontal, liberándote los senos nasales de toda inminencia.
Son las diez de la mañana, el segundo vaso de té empaña mis lentes con su delgado humo, hace algún tiempo sufro de ataques de ansiedad y me he sorprendido devorando los vasos desechables mordisco a mordisco, a veces es vergonzoso, pero siempre puedo sacar un chiste de esto y lo otro. Incluso esa ansiedad me divierte, se exactamente que la provoca pero no lo menciono hoy porque es tan irrelevante como el humo que empaña mis lentes y me ciega momentáneamente, he regresado al te y en ese orden a mi cráneo apiñado por inminencias, al aborto desde el mismo momento de la concepción, a nuestra incompatibilidad y al inicio de una historia, el inicio común de todas ellas.
Los Red Hot Chili Peppers llegaron en primavera a la ciudad, yo vivía mi propio renacer hipster, como todo regresa los hipster también lo hicieron, pero esta vez con el único motivo de ridiculizarse, ser una pantomima fashion en las revistas de variedades juveniles. Yo tenia poco o nada que ver con eso, solo quería vivir intensamente una vez mas, dejar de sentirme el cadáver putrefacto en que me convertí por pura y física vanidad, ya no me interesa mas ser lo que fui ni buscar lo que buscaba, aun así no renuncie a mi trabajo, sabia que habían muchas botellas por vaciar y no quería perder la única forma segura que tenia para costearlas.
En vez de sacrificar mis horas de trabajo dejé de dormir, o por lo menos las nueve horas que dormía antes, primero fueron seis, luego 4 y ahora son lapsos de 20 minutos que me atropellan intempestivamente en cualquier momento.
Llegue al concierto sin entrada, al parecer nunca tuve la mas mínima intención de comprarla, solo quería regodearme en mi miseria, mirar a todos con el desprecio de ser mas libre, de no tener que pagar por algo que ya no me siento obligado a pagar, contrario de las dos botellas de whisky barato al que fui inducido por Cesar Hiram que me acompaña con su eterna pesadumbre en todos los planes inciertos donde la única meta es ser piloteados por el whisky al lugar mas insospechado.
Con ya solo media botella espere que quitaran las bardas de seguridad para encontrar un lugar donde escuchar las reflexiones sonoras del ají y los pimientos.
A unas cuadras del estadio me halle saltando las canciones, luego en medio de mi euforia me di cuenta que no estaba solo, conmigo había un grupo de unas diez personas que coincidieron con mis condiciones, yo les ofrecí de mi bebida y ellos compartieron conmigo todo tipo de elixires malditos, malditos todos los que estaban dentro del estadio felices por pagar sus pedazos de papel, carentes de conocer el privilegio de ser autoexcluido, renegado, magnifico y totalmente ajeno.
Al finalizar el concierto estábamos extasiados, ella me había ofrecido yerba y desde allí diferencie su rostro de los demás, cruzamos un par de palabras en los intercambios pero fue su mirada, o mas bien sus ojos, o mejor el halo purpúreo que rodeaba sus ojos lo que me cautivo, porque ese día como el resto de los días que malgastamos segundo a segundo esquivo mis pupilas, siempre hubo algo mas para mirar y no importo que tan romántico o descarnado llego a ser el sexo, mi retina nunca estuvo en su foco, tampoco lo cuestione, me satisfacía su juego. Yo cerraba los ojos e imaginaba los suyos en la espalda de mis párpados, y cuando los abría de nuevo allí estaban esos grandes agujeros insondables, marchitos y oxidados.
De alguna manera tuve que despertar su interés en mi y me gusta compartir mis historias, siempre insólitas y delicadamente decadentes, bailamos abrazados balbuceando alguna canción para luego evitarnos incomodos, nos reunía de nuevo el conteo de billetes para la siguiente botella, para un poco de coca y cigarrettes y solo congeniamos en ese justo momento en que el exceso se hace acto y entre los dos jamas se rechazo nada que significara delirio.
El concierto había terminado hace ya horas, junto al grupo de los diez terminé en un bar cualquiera del centro poniendo discos en una vieja rockola, en uno de los trayectos de allí a la mesa tropezó con una piraña gigante que yacía muerta desde los comienzos del universo, y cayó al suelo, cuando intente ayudarla me pateo las piernas y me insulto, yo me hice a un lado y volví a la rockola pero siguió insultándome con alaridos espeluznantes desde la mesa, luego me buscó y me escupió, me pego con la palma de su mano en la cara, yo tome sus brazos y la empuje pero regreso a mi con tanta fuerza que me derribó, ya en el suelo solo pensé en morir, deseé que guardara un cuchillo en su bolsillo para apuñalarme todo, cortarme el rostro, las encías, la garganta, pero en vez de eso me besó, yo trate de dejarla y componerme en vano, le tiraba el cabello pero no sentía dolor, cuando se detuvo la miré con odio, el odio de saber que pudo matarme, sacarme los ojos y la lengua y no lo hizo, me dio un beso patético. Nos echaron del bar por el escándalo y no pensé dos veces en irme, me largué, corrí cuadras enteras, caí varias veces y me arrastré, en algún momento terminó la noche, pero no lo recuerdo.
Desperté justo a tiempo para ir al trabajo, fue el ruido de los platos lo que me despertó, vi una sombra merodeando el living y el humo de cigarrillo siguiendole, me vestí y la vi preparándose el desayuno, cortó unas tajadas de pan y luego las mojo en whisky, yo no pude parar de reír, cuando se dio cuenta que había despertado cortó un par de tajadas mas y me sirvió otro trago, me preguntó si podía quedarse un par de días y yo accedí sin pronunciar palabra, eso fue todo, tomé mi desayuno y salí.
Era un día repugnantemente hermoso como hoy, mi trabajo era muy simple, lavaba platos, trapeaba y limpiaba los baños de una pequeña franquicia de helados, pagaban lo necesario para mi subsistencia y no tenia que verle la cara a nadie, usar tapabocas y bata, nada podía ser mas perfecto.
Igual que ahora estaba atronado por la marihuana, no es que fume mucho, solo que cuando lo hago, por una extraña razón su efecto dura días enteros, puede pasar hasta una semana y aun tengo mareos y alucinaciones momentáneas.
Al trabajo llego en un caracol gigante, cuando estoy dentro de él siempre veo la humanidad como un chorizo, el mas suculento de todos, curado con amor aguarda su momento de plenitud, ser cortado, machacado por los dientes y las muelas y descompuesto por ácidos gástricos, pero ese momento nunca llega, la expectativa se hace eterna y empieza a ser víctima de factores que inevitable y definitivamente lo alejarán de su objetivo primero. Entonces se pudrirá lentamente perdiendo de un solo tajo todos sus atributos, nadie nos devora, nos estamos pudriendo.
Cuando regresé a casa me esperaba desnuda en un rincón a la deriva de su borrachera, miraba el suelo pero se que se enteró de mi arribo, entonces cayó de frente contra un estante y se rompió la boca en mil plumas rojas, luego su cabeza rodó como si no tuviera un cuerpo atado y cayó al suelo inconsciente sobre su mejilla derecha, fue espectacular como un show de pirotecnia. No me preocupó su dolor porque sabía que en días no sentiría nada, ni tampoco su herida la cual supongo se limpiaba con el alcohol del charco de whisky sobre el que se posó. Encendí la radio y seguí con el whisky que quedaba en la botella, me senté detrás suyo y al ver su piel cuarteada y seca quise tocarla, la cogí por el culo y me vine en su espalda.
Luego fui un indio del amazonas viviendo entre la selva, matando micos con cerbatanas de curare, todo es tan complejo y lleno de espirales, nadaba en el río cuando me ataco el primer delfín, luego una horda de ellos se abalanzaron contra mi, entonces abrí los ojos y vi la botella golpeándome la cara, me alejé rápidamente preguntándole que pasaba, pensó que yo la había golpeado, solo le dije lo que sucedió, no me creyó pero se calmo, dijo que debíamos tomar aire fresco, nos duchamos y salimos a caminar.
Tomamos el ultimo tren al río y caminamos por los lujosos suburbios, llegamos a una gran casa estilo europeo, ella llamo por su celular y a los dos minutos salió una mujer de unos 60 años. Fue muy cariñosa con ella y se preocupo al ver su boca hinchada, seguramente pensó que nos peleamos debido a nuestros moretones, no preguntó, solo nos hizo pasar muy amablemente ofreciendo comida.
Yo quería ser amistoso pero no me fluían las palabras, la mujer comentaba ordinarieces como “¿que tal el clima?, que frío fue el invierno, que terrible el accidente de tren, como pasa el tiempo”. Nos preparo un delicioso omelet con cafe árabe, ella se reía, y parecían disfrutar de la compañía mutua, compartieron historias por unas horas y en el momento en que todo se dijo, aquella señora saco de un cajón una jeringa, preparo heroína, apretó su torniquete y no pronuncio una palabra mas, yo miraba con curiosidad lo que pasaba, supongo que para esta chica era normal, se abalanzo hacia la heroína inhalándola, yo la seguí.
Entendí el abismo de sus ojos y me avergoncé muchísimo al comprenderlo, racionalidad absurda que arrebata los instantes oníricos de mi existencia, nos tendimos abrazados en el inmenso sofá del living y me contó su mas profundo temor; “el viento, le temo al viento”, el viento que esparce las partículas tóxicas que siembra EL HOMBRE en el cielo, el viento que hace al amor efímero y se lo lleva a otro lugar; “el viento me quiere llevar lejos contra mi voluntad, me empuja y me eleva y yo no puedo hacer nada, soy tan vulnerable ante el viento”. En ese momento me di cuenta que ya no distinguía el día de la noche, que una bruma espesa nublaba mi cerebro y ya no me permitiría nunca mas ver, ya no distinguía el ruido del silencio y que pasaba días sin hablar.
Como siempre regresé a mi trabajo, esta vez tal vez notaron algo pero nadie iba a destaponar el inodoro excepto yo, con el poco equilibrio que tenia soporte mi jornada, no era que tambaleara de un lado al otro, pero me costaba mucho mantenerme en pie, sabía que ella me esperaba en casa y a pesar que no ansiaba su compañía el morbo de imaginar que tan lejos podíamos llegar en este camino, con la muerte como único limite, me empujaba a buscarla. Así fue, me esperaba casi sobria tirada leyendo un journal que había encontrado en la puerta de al lado; “las noticias siempre son las mismas”, dije, y me recosté a su lado aun mareado por la heroína. No se cuanto tiempo después me despertó, había preparado sopa y arroz, comimos en silencio mientras la sala se escurría en pálidos colores, insistía buscando su mirada, sonrió cerrando los ojos, giró su cabeza hacia el techo y empezó a llorar, yo me levanté y puse mi rostro sobre el suyo, volvió a sonreír y nos tiramos al suelo, la acariciaba hasta que me pedía que me detuviera pues le ardía la piel, entonces seguía con su cabello, tuvimos sexo y se quedó dormida mostrando por primera vez tanta paz que no pude soportarlo y me alejé con repudio, en algún momento pensé que había muerto e imaginé dejarla allí hasta que los vecinos se quejaran del mal olor y llamaran a la policía encontrando su cadáver, yo estaría presente al arribo de la policía tomándome un té, iría a la cárcel hasta que descubrieran que se había ahogado en su propio vomito y mi única imputación sería negligencia, ir a la cárcel no es del todo mal negocio, te visten , te alimentan y te dan morada gratis, el problema es que tienes mucho tiempo libre para pensar.
-Nadie merece tanto morir como un yupi.
-Dicen que lo que mas odias es lo que mas amas, me respondió.
-Tengo ganas de quemar este lugar, le dije, ella se rió con desprecio haciéndome sentir un idiota, me dijo que a duras penas podía quemar un cigarrillo y era cierto, por primera y única vez salimos a comer, era un lugar nada elegante lleno de cuadros y recuerdos valiosos para el dueño, comimos sandwiches y limonada. Desde que la conocí unos días atrás, no habíamos parado de beber y colocarnos, ese día fue diferente y patético, no quería verla mas, su estado de vigilia me desesperaba y me provocaba golpearla, tuvimos conversaciones que cualquier otra pareja tiene y reímos de las estupideces por las que todos ríen, entonces sin pensarlo salió por mi boca un árbol seco sin ramas resquebrajándose todo; “no quiero verte mas” le dije, se río con el mismo desprecio que lo había hecho antes y respondió; “no es tan sencillo, yo quiero que quemes tu casa conmigo dentro, pero no todos pueden tener lo que quieren, vamos a casa y en el camino compramos un whisky, tengo unas pastillas que te van a gustar”. Ya no la soportaba mas, imaginé su cerebro volando en pedazos, yo le disparaba con un rifle y su sangre me bañaba la cara; “no quiero verte mas, voy a trabajar, no vuelvas a mi casa”, ella levanto su mano y la bajo bruscamente contra el vaso de jugo rompiéndolo y cortándose toda con el vidrio, debió arderle mucho la limonada en la herida, no me importó como no me importa ahora, sin mirar atrás me levante y fui a tomar el bus, no se si me siguió, lo ultimo que vi fue sus ojos enormes mirando el desastre que ahora era su brazo con impresión, la sangre brotando de la mesa y el suelo, los empleados corriendo a auxiliarla y ella impávida en absoluto silencio, todo siguió normal.
Camino a casa de regreso del trabajo compre whisky y zoloft, hacia mucho calor pero no me quité mi chaqueta, una cuadra antes de llegar creí presentir lo que había pasado, no me apresuré, seguí con mi paso tranquilo atravesando los cordones de seguridad, la policía, los vecinos y los bomberos, mi departamento ardió en llamas ahora casi bajo control, la policía tomó mi declaración pero no dije mucho, las llamas habían afectado todo el piso, pero los daños no eran mayores, pregunte si habían víctimas con la esperanza que hubiera muerto quemada y me viera obligado a reconocer su cadáver consumido; en el piso de arriba alguien se ahogó con el humo pero sobrevivió, dormí en la comisaría esa noche y ahora me tomo un té esperando la resolución de la aseguradora; “fue un corto circuito en el departamento de al lado, este seguro cubre los costos de reparación y será indemnizado en los próximos tres meses”, me río con desprecio pero aun así no dejo de sentirme un idiota.