De la serie “Sin titulo”
Los síntomas son una opresión en el pecho, distracción constante, aturdimiento, cansancio y somnolencia. Tal vez sea somnolencia o en el peor de los casos distimia o anomia, claro que la anomia abarcaría todos los síntomas y determinaría el diagnostico, pero anomia es una categoría sociológica, no una condición clínica; si ese es el diagnostico no hay tratamiento, ni siquiera en las ciencias sociales.
Hoy en el bus entre la carrera 66 y la 50 se han subido tres vendedores ambulantes a ofrecer distintos comestibles; bananas (candy), maní (peanut) y galletas (waffers). No he comprado nada, no me provoca y les temo desde que uno de ellos intento robarme alguna vez, yo lo golpeé y huí y ahora me escondo cada que pasó por el lugar del suceso.
Esperaba demorarme un poco mas, la calle 5ta siempre es poco fluida y mas aun ahora que están construyendo entre ella las vías para unos buses articulados que ofrecen como la salvación vial de la ciudad y su modernización, no se si la incredulidad sea otro síntoma, pero no lo creo. Se sube un cuarto vendedor al bus, pide disculpas de antemano y ofrece galletas (waffers) una vez mas, pero estas son mas grandes (hiperwaffers); tres cuadras mas adelante se sube otro, pero a vender collares, es la primera vez que veo en dos ocasiones que se crucen dos vendedores en un mismo vehiculo… será la lluvia lo que los prolifera?; es obvio que es el desempleo y la miseria, pero la lluvia es una posibilidad, ¿Por qué no?
La lluvia de hoy es extraña, tal vez demasiado neutral, no es muy fuerte, es mas bien una llovizna, no me empapa ni me limpia ni me incomoda y tampoco me deprime, es una lluvia gris, como gotitas de asfalto, mejor de ceniza, la ceniza de algún volcán que hizo erupción en otra dimensión y que afecta la que habito hoy. Todo el mundo camina tranquilo porque no llueve tan fuerte, sin saber la inminencia del flujo piroplastico que acabara enterrando la ciudad de pompeya dejando aterradoras figuras en posturas agonizantes suspendidas en el tiempo para que dos mil quinientos años mas tarde sirvan de escarmiento a una raza obstinada de seres desagradables que caminan en dos patas y tienen pies de lagarto. El timbre del bus es un imperceptible bip que supongo yo, basta para el motorista pues se detiene y abre la puerta trasera con un mecanismo hidráulico.
El lugar al que llego es una biblioteca, su horario de atención de lunes a viernes es de 9 am a 00 pm; será que hay un desacuerdo sindical en el horario de cierre y no se ha definido aun, me siento afuera de la biblioteca en un escalón de frente a una clase supongo de humanidades de algún colegio, todos uniformados aunque ya crecidos, de décimo u once, tengo varias conversaciones pendientes, en puntos suspensivos, a veces me siento la encarnación de la sensatez y la contundencia pero hoy no, hoy soy solo una estatua de ceniza suspendida desde hace dos años en una postura agonizante. Miro el reloj y aun no son las seis.