TOKIO
2002
Tiempo atrás me hubiera imaginado en otras circunstancias; en ese entonces lo que deseaba era vivir en el campo, cerca de una cascada; hasta llegué a inventarme un mundo submarino. Pero los tiempos fueron cambiando y ahora mis circunstancias son producto de lo que me agobia. Pues bien, me he creido viajera y hasta me salieron alas. He llegado muy lejos y no se que hacer.
Camino por lo pronto en busca de techo, porque el trancon producido por los arreglos de semejante arteria, no permiten que el flujo vehicular se desplace. El centro es el único lugar al que puedo aspirar, así que en cuanto un color rojo intenso me seduce, me dirijo en esa dirección, con los pies apuraditos por encontrar refugio. Mi mano sin permitir alguna espera, se mueve hasta alcanzar un botón; como su necesidad no es asistida pronto, vuelve a intentarlo. Descansa bajo el abrigo de otra algo amarillenta que venia a su amparo. Aquí eran más que necesarios los dolares; me despojé de algunos y me refugié.
Corro rapidísimo. Soy la mejor. Los demás no me ganarán. Soy la mejor, todos lo saben. La meta, llego a la meta. Sí, gané. ¿Qué pasa? OH! Soy un ganso ¡Que asco! ¿Por qué todos se rien? Afortunadamente he sido despertada por el patético cucú desnutrido que cantaba junto a la ventana. Definitivamente es imposible dormir tranquilamente en este lugar, sobre todo si consideramos una diferencia de horario grande en relación con la anterior. Bueno, si la noche es jóven -juventud que se me acorta cada día- saldré a recorrer estas calles con olor a jengibre y calamares o lo que sea que se mueva.
Entro entonces en ese lugar de luces; todos tan sonrientes y yo tan solita. El licor es indescriptible y para mí increible; no entiendo la necesidad de mantener el cerebro dormido para pensar y actuar; no entiendo por qué las horas pasan sin amar y pese a eso, nos creemos sensibles. Aún así, aborreciendo este estado de letargo, me tomo la copita y le hecho la última bolita a la máquina esa que se las traga, para ver si mi futuro cambia de una vez por todas y para ponerle fin a mi embriaguez.
Todo como una pelicula en las vegas: la bolita rueda, rueda, rueda o nada? Ya no lo sé. En realidad no se distinguir entre las burbujas de mi vaso que ahora contiene wisky y la bolita que da vueltas en la pantalla. Justo cuando cierro los ojos, la maquina se detiene y siento venir a esos chinos cohinos o japoneses o coreanos; bueno, los chinos esos sin venia ni nada me agarran, me arrastran y me ponen de patitas en la calle.
Tokio se abre a mi sin dinero y próxima a ser asesinada. se acerca. En medio de mi borrachera lo único que decido hacer es quedarme quieta y respirar para no morirme de paro y no ser la causante de mi muerte.
Espero el destino.
¿Cual sería mi destino?
… seguir vagando.