HAY MOMENTOS EN LOS QUE PREFIERO ESTAR LEJOS

A veces cuando despierto, te huelo pegado en las paredes, en el suelo y entonces mientras me levanto, te encuentro en todo lo que mis ojos acostumbran ver.

Hay instantes que suelen desplegarse haciéndose más lentos, aquellos en los que cierras los ojos y te dejas ser al viento. Te miro cerrar los ojos mientras viajo con tu imagen tan ligera como el aire. Caes y caes y quisiera saber hasta donde llegas, porque se que allí, donde no estoy yo, se dispersa todo lo que sientes.

Luego lentamente la luz se esconde, se vuelve cada vez más sombras. Comprendo que tus ojos han absorbido toda la luz, y que cuando los cierras  se quedan mil imágenes también dispersas.

En ese momento me dejo ser al viento. Ya no te miro, ahora cierro yo los ojos mientras viajo con tu imagen ligera como el aire. Y caigo y me elevo infinitas veces, me voy lejos hasta donde no llegas, pero a donde me has llevado… solo entonces soy agua y salgo.

 

He querido escribirte muchas veces, pero en este caso las palabras se me escapan y nombrarlas para traerlas es entrar a un vacío de aire y de tinta, en donde aún se encuentra lo que no es.

Hay momentos en los que prefiero estar lejos, muy lejos. Quizá me necesites cerca, pero eso es algo sobre lo que no pienso, soy torpe, soy tonta, por pensarte lejos, por quererte así, sin saber cómo te quiero.

Ser fantasmagórico es ser potencialmente una transformación; es habitar espacios tan amplios o tan reducidos, es encontrar algo esencial de nosotros en cada cosa. 

 

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