TALK IS CHEAP
Hace algunos días mi madre contaba felizmente cómo cuando yo tenía 6 años me había levantado de la cama bajo un espisodio de sonambulismo, abrí la puerta y salí del apartamento. Ella -bendita sea mi madre- me salvó la vida cuando me encontró dando el paso al vacío: las escaleras. Pero no era la primera vez.
Acto seguido del sueño el llanto producto del susto de no saber a “ciencia cierta” por qué una señora mira asustada y por qué razones misteriosas se ha eludido la muerte.
La abuela Lucy (bella como su apellido), quien ha empezado a comportarse de una forma extraña, nos habla de episodios que no conocemos y que apenas alcanzamos a imaginar. El domingo nos despertó llorando porque no encontraba su caja de dientes, pero no recordaba que ella misma minutos antes había salido del cuarto con el vaso donde por la noches guarda su caja y la había tirado al jardín. Quizá penso que era 60 años más jóven arrojando sus recuerdos al vacío.
Con la abuela he aprendido desde pequeña nuevos ejercicios de memoria y otras maneras de contar la historia. Hoy encontré tiempos fascinantes en las narraciones que tanto le gusta repetir, nombraba con palabras aquello que le ha dejado huella.
