Á LÁVEUGLETTE: Visualidad de la imágenes en ciego.
Cuando aún estaba en la universidad, para una clase de historia del arte tuve que escribir un ensayo. El ensayo que debía ser un análisis sobre una pintura de la época romántica me salió un poco chueco por mi falta de ejercico con el texto escrito. Pero la ocasión fué bien particular. Este fué el inicio de mi tesis de grado.
Á LÁVEUGLETTE: Visualidad de la imágenes en ciego.
A Yamilé.
Hablar de la ceguera sabiendo que no vemos precisamente por eso otro que vemos: aquello que alimenta el imaginario.
Sin aparente ubicación para el entendimiento evocamos aquello que se oculta y se prohibe en las cosas más familiares: nuestro bastón en el desplazamiento de la ilusión ha puesto ante nuestros ojos lo falso para obligarnos a descubrir lo verdadero.
“Y volvió hacia donde estaba el zorro.
-Adiós- le dijo.
-Adiós- repuso el zorro- he aquí mi secreto. Es muy sencillo. Consiste en que no se ve bien sino con el corazón, pues lo esencial es invisible a los ojos.”
De Saint-Exupéry Antoine. El principito, Madrid, Edic. Alba, 1985 pag 103
La invitación ha sido aceptada en donde lo invisible se ha convertido en camino en cuyo extremo, lo real, vuelve a encontrar sus principios corporales y el espíritu, la primera palabra de curiosidad. Caminar a ciegas constituye una entrada sensorial más directa y en otros niveles de percepción. Para el ciego no hay una idea de totalidad sin recorrerla, es él quien busca lo que reconoce que no ve.
Cada golpe sobre la superficie actualiza el instante de realidad espacio-temporal. El romanticismo vuelve la mirada hacia el pasado que ilumina el presente bajo un intento de actualización. se instala ante los ojos para inspirar nostalgia a aquello que ya siendo, ya pasado, imagina lo que pudiera ser. Volver al recuerdo presencia. Volver al choque del bastón el foco, el punto de vista.
“Sigue reescribiendo su vida en el cielo por no poderla soportar en la tierra”
Robert, Marthe, Novela de los orígenes y orígenes de la novela. Madrid, Taurus, 1978, pag. 88.
Luego de ser iniciada cada nueva experiencia, el personaje romántico cambia su piel; la experiencia hace que mute su constitución inconscientemente. Ahora crítico sobre sí mismo consigue vencerse o satirizar su imposible coración.
Cegado convierte su imaginación en el arma de un desigual combate con la necesidad. Su pensamiento carente del sentido de un mundo aparentemente “hecho” se apasiona por la idea de un lenguaje, por la investigación de los puntos de partida. Recorre cada intersticio, cada punto que pareciera no estar, ser un punto ciego, un agujero negro. En el acto, es en el y con el recorrido que construye una espacialidad. Cegado cierra sus ojos y encuentra entre la bruma la imágen que ante él el mundo representa e intenta reconstruir, reparar sobre los fragmentos que su imaginario guarda.
El extremo inferior del bastón cobra el lugar de punto de fuga. El lenguaje verbal le describe niveles de importancia de una imagen cuyos planos quedan a la deriva.
Ella se encuentra atrapada entre lo que es visible a sus ojos y la imposibilidad de acercarse a lo que vemos quien le vemos o a verse a sí misma y aún creyendo que ella se hace visible. La niña vestida con colores rojizos se sienta al borde del camino sosteniendo un su regazo una especie de acordeón y acompañada por otra niña algo más pequeña de cabellos rubios, vestida de grises y azules grisácesos, mirando hacia atrás el cielo oscuro surcado por dos arco iris que se levanta en la parte superior derecha del cuadro. Tras de ellas se extiende un campo de verdes amarillentos, algunos animales y al fondo varias casas en la distancia bajo el gris del cielo.
La niña de tonos rojizos nos da el frente de su cara con sus ojos cerrados para que la veamos mientras ella nos imagina.
Cegada no es conciente de la luz que la hace visible ante nuestros ojos, ni de lo que se hace visible alrededor suyo y pardójicamente ante la imposibilidad de la visión, la imagen ha sido construida con la idea de un amplio espectro cromático.
La pintura nos ha creado la ilusión nuevamente mediante su lenguaje de representación y técnica de color, de la posibilidad de un espacio que pudiera existir como si se mirase a través de la ventana. Espacio que la niña debe reconstruir desde su imaginario con los ojos cerrados. El lenguaje, una maraña que se hace más distante y el bastón, la guía física de lo tridimensional sobre lo que se ha imaginado en dos dimensiones.
Aquí es donde el lenguaje ha adoptado la figura ciclópea, el ojo que permite conocer las formas de una manera que excede lo simplemente visual. El cíclope, aquel gigante mostruoso con un ojo en medio de la frente, representa el ojo de la mente, el más perceptivo de todos, el que mira sobre lo que ha dejado de ser tangible.
“- Pues ahora que ya nos hemos visto- dijo el unicornio- si tu crees en mí, yo creeré en tí. ¿El trato te conviene?”
Lewis Carrol, Alicia en el país de las maravillas.
La niña ciega está sentada frente a mi y es a través de mi construcción lingüística como ella puede construir su imaginario. Yo le veo y la imagen se introduce canalizada a través de mis globulos oculares. La máquina traduce, luego articula sonidos en el habla o signos en la escritura y lo que ha entrado por dos puertas ha salido por una ventana.


