Win Wenders ha viajado a Tokio y ha observado a través del recorrido las transformaciones de la vida buscando reconocerse y aprender sobre sí mismo en las imágenes que Otro, Ozu, ha cargado de un sentido universal.
Pero ¿Cómo traduce las imágenes de Ozu?
Wenders a través de su ojo, Wenders cíclope, vuelve a recorrer los caminos transitados; habla desde su cotidiano enunciando y describiendo sucesos que parecieran simples, pero que guardan tras de sí un compendio de significaciones. Construye realidad al igual que Ozu con su característica real de la realidad: ha diseñado una gran apariencia.
En el proceso de traducción siempre se nos escapa el nivel del gesto; las líneas inferiores de la pantalla no capturan todo el volumen. Los signos lingüísticos no alcanzan a contener las palabras dichas.
Algo ha quedado (para la memoria) en el olvido.
Sin embargo Wenders se piensa a un ser que ha muerto; la muerte desde la vida, los instantes que se desvanecen en el tiempo. Piensa en imágenes la muerte de Ozu habiendo registrado algo más que ha muerto desde el instante mismo, pero que se identifica con la idea de “hombre” desde una japoneidad capturada con un lente de 50mm y casi a ras del suelo.
El ojo de Wenders, su cámara, suspende a quien suspende el tiempo, guardando para sí una parte del proceso, de aquel inacabado. Las fotografías y las películas: -se acumulan en lo vivido como si fueran citas extraídas del tiempo, de la “realidad”, de aquello tan supremamente incontenible que por instantes se hace susceptible de ser fragmentado, arrancado, desgarrado- las coordenadas únicas e irremplazables.
Japón por su parte se ha apropiado de las imágenes, ha traducido. Una mimesis. Una transformación. Un juego más de apariencias que aunque registradas se escapan de la mirada, se desbordan de la cámara (el llanero solitario traducido al japonés) y sin embargo lo reconocemos.
Llegará nuevamente la muerte como le fue llegada a Ozu, a lo que hay de Ozu dentro de Wenders o en aquella palabra incontenible y contenida: Mu, el vacío, la nada.
Wenders ha inventado un Ozu y es aquí donde la muerte se nombra nuevamente. Wenders ha hablado a través de Otro y por Sí mismo: una doble muerte para Ozu y para Wenders o quizá dos existencias de las cuales no se diferencian suficientemente los límites para establecer cuándo termina Uno y cuándo empieza el Otro.
Cuándo muere Uno, cuándo nace el Otro, cuándo Uno muere con la muerte del Otro…..
Y sin embargo es bajo el nombre que algo seguimos reconociendo.
Lo que vemos: la superficie de aquello que se oculta.
Lo que nos engaña: lo que reconocemos.


